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Historia

Historia del FMLN

El origen del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) es reflejo de su ideario, principios y práctica política, en definitiva, de su militancia, pues el FMLN es fruto de valores como la inclusión, la unidad, el colectivismo y la organización, en función de los intereses y anhelos de las grandes mayorías de nuestro país. El FMLN, desde sus inicios, mantiene su compromiso con la libertad, la justicia, la democracia y la vida digna de todas y todos los salvadoreños.

El proceso de lucha del pueblo salvadoreño para la construcción del poder popular, se extendió de diferentes formas durante la década de los 70, cuando el auge de distintas organizaciones políticas y sociales, aglutinaron entre sus filas a salvadoreños y salvadoreñas de distinto signo social, decididos a construir una nueva nación: democrática, revolucionaria y socialista; logrando finalmente, independencia y libre determinación para nuestro país. El compromiso y la determinación por parte de las organizaciones revolucionarias, para derrotar la dictadura militar de aquel momento, aceleraron la crisis del modelo político y económico nacional.

El ímpetu revolucionario de las organizaciones populares en las calles salvadoreñas, especialmente en la capital, recibió el impulso y ejemplo del triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua, el 19 de julio de 1979. Con el golpe de estado contra el General Romero, del 15 de octubre de ese mismo año, se crearon las condiciones para avanzar hacia una izquierda revolucionaria unificada.

Cinco estructuras políticas dieron vida al FMLN: el Partido Comunista de El Salvador (PCS), las Fuerzas Populares de Liberación “Farabundo Martí” (FPL), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la Resistencia Nacional (RN) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC).

La fundación del FMLN tuvo momentos previos. En diciembre de 1979, el PCS, las FPL y la RN constituyeron la Coordinadora Político Militar (CPM), cuyo primer manifiesto dejaba abierta la posibilidad de incorporación del resto de organizaciones de izquierda, a la vez que declaraba el carácter democrático de la revolución, sus fundamentos históricos, su orientación socialista y los contenidos programáticos inmediatos. Los primeros pasos para la unificación del movimiento popular estaban dados.

En enero de 1980, las organizaciones de masas de las cinco estructuras políticas antes mencionadas, crearon la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM), que daría mayor impulso a las demandas populares que en ese momento inundaban las calles del país, confrontando y desafiando de manera directa la represión ordenada por el régimen militar. La dictadura creía de manera equivocada, que su política de terror y muerte acabaría debilitando el movimiento popular, que contrario a perder la moral, continuó creciendo en militancia, coordinación y organización. El régimen ignoraba que el pueblo salvadoreño había tomado una decisión y no daría marcha atrás; se llegaría hasta las últimas consecuencias.
En mayo de ese mismo año, el PCS, las FPL, el ERP y la RN integraron la Dirección Revolucionaria Unificada (DRU), con el objetivo de que el proceso revolucionario tuviera una sola dirección, un solo plan militar y un solo mando, en síntesis: una sola línea política-militar.

El 10 de octubre de 1980, la DRU dio vida al FMLN, dos meses después se incorporaría el PRTC. El FMLN era resultado de décadas de luchas y organización por hacer realidad las demandas del pueblo salvadoreño: democracia, justicia social y autodeterminación nacional. Las condiciones de aquel momento estimularon el lanzamiento de la Ofensiva General en enero de 1981, que daría paso a la Guerra Popular Revolucionaria.

El desarrollo e intensificación del conflicto permitió el avance de la unidad al interior del FMLN. Las cinco organizaciones emprendieron la ejecución de líneas y planes elaborados por la Comandancia General, superando los obstáculos de la lucha armada y madurando la idea de un partido unificado, tanto entre la dirigencia, como entre las y los combatientes. Las victorias militares de aquel momento, fueron posibles por el sentido de unión para el cumplimiento de las líneas, estrategias y planes comunes. El futuro cada vez era más prometedor.

La lucha armada desembocó en el diálogo con el Gobierno, conquistando la firma de los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992, en Chapultepec, México, culminando de esta manera la estrategia política militar. Hubo fiesta en cada rincón del país, el pueblo salvadoreño celebró la consecución de un nuevo paso en la democratización de una nación entera. Ese día simbolizó el salto de trinchera en la lucha por la transformación de la realidad nacional, al pasar de la guerra armada a la beligerancia política.

Con la firma de los Acuerdos de Paz se puso fin a sesenta años de dictadura militar y se lograron valiosas conquistas en el ámbito de la reestructuración de los cuerpos de seguridad, así como en la construcción y el fortalecimiento de una institucionalidad democrática, que hasta ese momento era desconocida en El Salvador.

La tarea de idear y establecer un partido político no fue nada fácil. Primero había que romper con el muro de terror levantado a lo largo de sesenta años de represión militar. Después hubo que derrotar las pícaras costumbres e intereses ocultos de los sectores políticos de la derecha, que pretendían impedir la legalización del FMLN. Por último, las dificultades propias de organización de un partido político con aspiraciones de alcance nacional, plantearon nuevos retos que finalmente fueron superados. El Frente Farabundo Martí tuvo que transformar sus estructuras y fuerzas diseñadas para la guerra, en estructuras y fuerzas que funcionaran para la lucha política y social, contra el mismo enemigo pero en un campo de batalla nuevo.

El FMLN se fundó como partido político, de manera pública y legal, el uno de septiembre de 1992, el Tribunal Supremo Electoral admitió su registro legal y le otorgó personería jurídica el 14 de diciembre de ese año, convirtiéndose así en el instrumento político para la lucha del pueblo salvadoreño. Desde entonces, el esfuerzo partidario puso su mayor énfasis en los temas de organización y de unificación, en la búsqueda por asegurar la consecución de los objetivos que superen los desafíos y retos históricos, que tanto el contexto nacional como mundial demandan.

De la primera experiencia electoral del FMLN, en marzo de 1994, el partido surgió como la segunda fuerza política nacional. En esas elecciones se ganaron 15 Alcaldías y 21 escaños en la Asamblea Legislativa, con un total de 287 mil votos, el 21.39% del total de votos válidos. Un resultado que sorprendió a los sectores políticos de derecha, que confiaban en que el FMLN no resultaría ser un competidor político de importancia.

En junio de 1995, tras varios meses de debates, el Consejo Nacional del FMLN determinó que éste debía convertirse en un partido de tendencias, lo que significaba trabajar por una gradual disolución de las estructuras organizativas de cada partido que dieron origen al Frente Farabundo Martí. Con esta decisión se avanzó de manera firme hacia la unificación del FMLN.

Las participaciones electorales tuvieron varios efectos más allá de los triunfos obtenidos, pues con la experiencia lograda se ha caminado en la afinación del instrumento de lucha política, a través del diseño de nuevas y mejores estrategias de organización y participación, pero también de lucha electoral, a la vez que se fue obteniendo más confianza por parte del pueblo salvadoreño, que en cada nueva elección se decidía a vencer el miedo de las campañas mediáticas dirigidas por la derecha. El FMLN ha ido creciendo en número de votos en cada nueva contienda electoral.

La batalla por el cumplimiento de los Acuerdos de Paz y el largo proceso de luchas sociales y políticas durante el período entre 1992 y 2009, se enmarcan en la primera etapa del período histórico de transición del partido, un período a veces contradictorio y conflictivo, pero marcado por los avances en la ruta de la revolución democrática, destacándose la consecución de importantes logros en cuanto a transformaciones estructurales, principalmente políticas.

La etapa de lucha que enfrentamos en la actualidad es totalmente nueva: ahora somos la primera fuerza política del país; tenemos el Grupo Parlamentario con mayor representación en la Asamblea Legislativa; gobernamos importantes ciudades, con un presente de sólido desarrollo que aseguran un próspero futuro; y tenemos una importante representación en el Gobierno Central, que impulsará y profundizará los cambios que saldarán las enormes deudas históricas con las grandes mayorías de El Salvador.

El programa y los objetivos democráticos del FMLN se abren paso después del triunfo electoral de marzo 2009. La victoria presidencial alcanzada requiere ahora de todos nuestros esfuerzos, acompañados de la mística de unidad que nos ha permitido conseguir logros importantes a lo largo de más de tres décadas, consolidando la fuerza del FMLN y profundizando los cambios históricos que exigen las grandes mayorías de nuestro país. Los compromisos, los retos y desafíos que la realidad nos encara, deben servir para pulir la determinación y la audacia de nuestra militancia, para encontrar las soluciones que encaminen la obtención de los objetivos del partido, en la construcción de una nación nueva.

Nuestro país se enrumba hacia la senda del movimiento internacional que desde América Latina y el Caribe, estremece el sistema político y económico antipopular impuesto. Somos parte de los hombres y mujeres que escriben el futuro de nuestro continente.

La unidad, cohesión y coherencia del FMLN han sido indispensables para su avance en la lucha por la revolución democrática: tanto en la victoria política lograda en la guerra, el exitoso desenlace de acuerdos políticos negociados, su ejecución, y el impulso de luchas sociales con desenlaces electorales, siempre con la mirada puesta en la revolución democrática de orientación socialista.

Desde su nacimiento, el FMLN se ha identificado con los intereses y anhelos de las grandes mayorías de nuestro país, es eso lo que define, política e ideológicamente, nuestro papel transformador dentro de la sociedad.

No podemos confundirnos, la lucha sigue siendo la misma, las condiciones del campo de batalla son otras, pero la conducción histórica del compañero Schafik Hándal nos escolta, señalándonos el camino correcto por el que transitamos.